15 de Diciembre. Skyline Barcelona

Una buena compañía (Zen Emij), un lugar que compartir y disfrutar, 3€ por un viaje en ascensor, un cielo lleno de nubes que decían que iba a amenazar tormenta, esperar a que los turistas te dejen el encuadre libre, 27 fotos (9X3) para hacer una panorámica HDR para compensar todas esas luces. Subir al cielo de la Catedral de Barcelona y poder hacer esta foto no tiene precio.

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4 de Diciembre. Cabra montés en Montserrat

Buscábamos la luna, pero a veces se tiene suerte y entras artistas invitados a la fiesta, como en este caso una cabra montés que apareció por allí…. Gracias Ramón.

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Cabra montés (Capra pyrenaica hispanica) (Datos de la Wikipedia)

El íbice ibérico es una especie con fuerte dimorfismo sexual, al igual que muchos otros bóvidos. Las hembras miden unos 1,20 metros de largo y 60 centímetros de altura en la cruz, pesando entre 30 y 45 kilos. Tiene cuernos bastante cortos y se parece bastante a una cabra doméstica, aunque la cabra doméstica tendría su origen en la cabra bezoar (Capra aegagrus) o en el marjor (Capra falconeri). Los machos, en cambio, pueden llegar a los 148 centímetros de largo y tener una altura de 77 centímetros en la cruz, alcanzando un peso máximo de 110 kilos. Los cuernos de los machos son notablemente gruesos y pueden llegar a ser el triple de largos que los de las hembras. Están más separados entre sí que los cuernos de otras especies del género Capra. Los machos adultos tienen también una cara más alargada y la típica barba de chivo oscura bajo la mandíbula.
El color y longitud del pelaje varía según las subespecies y la época del año, tornándose más largo y grisáceo en invierno. Tras las mudas de pelo de abril y mayo, el color es pardo o canela, con manchas oscuras en la parte inferior de las patas que en los machos adultos pueden extenderse hacia los costados, hombros y vientre. La parte central de este es blanca en ambos sexos, y la cola negra y corta (12-13 cm.). La fenología del pelaje podría ser uno de los factores importantes en los ciclos estacionales de algunos parásitos transmitidos por contacto como son por ejemplo los ácaros causantes de la sarna sarcóptica.
Hábitos
Esta especie se desenvuelve por igual de día y de noche, aunque sus máximas horas de actividad se localizan por la mañana y a finales de la tarde, cerca del crepúsculo. En invierno desarrollan su actividad en las horas centrales del día, que es cuando hace más calor.
Son animales sociables, pero cambian a menudo de manada. Esta puede estar constituida por machos adultos, hembras con sus crías o adolescentes de ambos sexos (en este último caso, solo durante el verano). Los machos y las hembras adultas se reúnen en la época de celo, en los meses de noviembre y diciembre —caracterizados por los violentos combates cabeza contra cabeza de los machos—. La inversión en masa testicular es un factor muy importante en los procesos de selección sexual. En el íbice ibérico esta inversión es mayor durante la temporada de celo, especialmente en edades en las que los individuos son subordinados que optan por una estrategia reproductiva de persecución y no de monopolización de la hembra. Las crías (una misma hembra puede parir dos o tres chotos) nacen en mayo.
Habitan tanto en bosques como en extensiones herbáceas, en cotas montañosas de entre 500 y 2500 metros de altura, subiendo en verano incluso por encima de los 3000 m. La protección de que disfrutan ha hecho que se distribuyan a zonas antes totalmente impensables como zonas costeras de Málaga, Granada o Almería, donde ocasionalmente pueden ser vistas a orilla del mar. La dieta es predominantemente herbácea, aunque en invierno se torna más arbustiva. Si es necesario, excavan en la nieve para acceder hasta la vegetación.

23 de Junio. La Torrota de l’Obac

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La Torrota de l’Obac (Datos y Leyenda) (Sacado de Internet)

En el extremo norte del término de Terrassa alto de un risco cerca del camino que va de l’Obac en Matadepera está la Torrota de l’Obac. Desde su estratégica posición vislumbra Montserrat, los valles de Rellinars y Vacarisses y la hondonada del torrente de la Xoriguera.
Era un lugar de vigilancia estratégico para prevenir las incursiones sarracenas procedentes del otro lado del río Llobregat. Servía para la vigilancia y también para la transmisión óptica con otras torres. La Torrota está en línea recta entre Montserrat, la torre de Vacarisses y Sant Llorenç del Munt.
La torre es una edificación prerrománica del siglo X. Hacia el año 830 se comenzaron a levantar estas torres que sustituían las torres circulares de madera de la primera generación de la forestación a lo largo del río Llobregat.
La Torrota de l’Obac es de planta cuadrada rectangular de unos 3 metros por 4 m. de lado y unos 6 m. de altura. Las paredes hacen unos 80 cm. de espesor. Formada de dos pisos está condroide con piedra arenisca y mortero de cal. En 1987 se llevó a cabo trabajos de consolidación a cargo del Servicio de Parques de la Diputación de Barcelona. El motivo fue que la torre hasta ese momento se estaba deteriorando con peligro de derrumbarse se. Estaba quebrada por su parte oeste y, la fachada de mediodía presentaba un gran boquete de arriba hacia abajo y la presencia de un arco de medio punto de un ventanal que servía de acceso a la torre. A principios de siglo, según fotografías de la época, esta apertura restaba entera. Las primeras excavaciones arqueológicas en la torre se llevaron a cabo en 1911 a cargo de Pau Gorina.
Hay una leyenda popular referente a un tesoro enterrado en la Torrota de l’Obac, que el padre Joan Solà, escolapio, arqueólogo y naturista recogió en un poema en 1924. Antoni Ferrando, estudioso sobre temas de Sant Llorenç del Munt , lo resumió para hacerlo más comprensible, en su libro “Sant Llorenç del Munt y la Serra de l’Obac y también, Jordi Suades y David Sanz en su”. Historias y leyendas de Sant Llorenç del Munt y l’Obac “
“Una noche de febrero, bajo un terrible temporal de viento y granizo un militar carlista y su asistente que venían del hostal de la Barata con una mula, cargada con más de tres quintales en monedas de oro. Pasaron por el puerto Estrecho y siguiendo la cresta del Pozo de hielo llegaron a la Torrota. Sin que nadie los viera entraron en un túnel que unía la Torrota de l’Obac con el otro torre de Vacarisses. Allí, poniendo a Dios por testigo, escondieron todo el tesoro que llevaban prometiendo no revelar nunca el secreto. Pero al día siguiente por la mañana, de regreso hacia la Barata, unos soldados escondidos al pie del camino real los pillaron, siendo fusilado inmediatamente el militar de mayor graduación. El asistente fue llevado cerca a Ceuta. Allí encerrado en la celda, le fueron pasando los años hasta que, perdidas las esperanzas y viendo que se le acercaba la muerte, el asistente contó su secreto a un presidiario hijo de Terrassa llamado “la Nariz Ratat”, que era un conocido ratero. Cuando acabó su condena y por fin se vio libre “el Nas Ratat” volvió a Cataluña con la idea de conseguir el oro de la Torrota. Una vez llegado a Terrassa, fue a buscar un antiguo amigo suyo que tenía por nombre “el Guixé” para que la ayudara a buscar el tesoro. De esta manera ambos se fueron a la Obac y empezaron a buscar en el lugar que les había indicado el pobre asistente ;: pero desgraciadamente para ellos no consiguieron encontrar nada, hasta que cansados ​​y desilusionados abandonaron la idea del tesoro y se volvieron definitivamente a Terrassa.
Sin embargo, “el Nas Ratat” y “el Guixé” no fueron los únicos buscadores del oro de la Torrota, sino que también otras personas fueron víctimas de la obsesión producida por el fantasmagórico tesoro. Algunos dicen que el tesoro sigue intacto en algún lugar de la Torrota. Y para encontrarlo, hay que ir a tren de amanecer y levantar la trampilla que el Nas Ratat y el Guixé no vieron. Los primero rayos de sol harán brillar entonces todas las monedas de oro que aún allí hay escondidas.
También están los comentarios fantasiosos que dicen que el tesoro fue por fin descubierto y que éste sería el origen de la fortuna de una conocida familia de fabricantes terrasenses. Así fue relatado por el sr. Josep M. Faura y Obac, propietario de la casa del Obac, a Antoni Ferrando, autor del libro “Sant Llorenç del Munt y la Serra de l’Obac”