28 de Febrero. Nieve en flor

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26 de Febrero. La Font de la Pola

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La Font de la Pola (Datos sacados de Internet)

La Bauma y la fuente de La Pola son un lugar de visita casi obligada si se quiere conocer a primera vista la Sierra del Obac. Esta cavidad rocosa orientada a poniente parece ser que ya estaba documentada en el siglo XIV (1336) aunque, según A. Ferrando, hay pruebas materiales que la cueva ya era habitada entre los siglos VIII-IX. Según el mismo autor, El Mas de La Pola ya no aparece en el censo de población de 1592 de las masías de Mura, fecha que señalaría su abandono.
La fascinante historia de la Fuente de la Pola
La Bauma de la Pola siempre ha tenido un nacimiento de agua, que históricamente ha sido muy aprovechado:
– para la masía que durante mucho tiempo existió en este lugar,
– por los pastores y el ganado que rodeaban por la Porquerisses
– y por los trabajadores del bosque y los carboneros.
En las primeras décadas del siglo XX algunos excursionistas y cazadores también comenzaron a hacer en la gruta una parada en sus trayectos por la Sierra del Obac.
Un grupo de estos cazadores, que pertenecían a la sección de excursionismo de la Juventud Terrassenca, decidieron a finales de los años 20 hizo varias obras de acondicionamiento con dos finalidades:
– que la fuente tuviera agua todo el año.
– que ante su hubiera un área de recreo para poder descansar, pasar largos ratos y jugar a cartas.
Los principales impulsores de las obras fueron en Valentín Rossinyol, conocido como el Tinet, Pere Pallejà y Hans Weichsel (marinero alemán que poco antes había participado en la primera escalada oficial a la Castellassa de Can Torres). Para poder llevar a cabo su proyecto pidieron la colaboración a un albañil, en Puig, que pasó a ser conocido como “el albañil de la Pola”.
Entre 1928 y 1929, miembros de la sección de Excursionismo de la Juventud Terrassenca ayudaron en el traslado de materiales. Hasta la Encina del Salario lo llevaron en el coche de línea de Mura. Para trasladar las cosas más pesadas desde la parada del bus hasta la gruta (1,7 kilómetros, con 150 metros de desnivel de subida y otros 50 de bajada), contrataron un burro, un mulo .
El albañil Puig dirigió las tareas de construcción de una cisterna interna y una gran pila externa. Y, delante, construyeron una bonita mesa redonda de piedra con un tablero de ajedrez pintado encima y rodeada por un asiento circul.lar. Años más tarde se hizo a su lado una segunda mesa de piedra y otras dos más pequeñas (que ya ha desaparecido).
Cuando se conoció que la primera fase de la construcción de la fuente había terminado, mucha gente fue a visitarla. Ante los numerosos visitantes, los impulsores de las obras pusieron un cartel en la pared de la cueva pidiendo respeto por el entorno. Este rótulo todavía está, pero ya desdibujado.
Años más tarde pusieron un nuevo cartel con el mismo mensaje, pero esta vez sobre la pila de la fuente.
Los constructores de la Pola también hicieron una despensa en el que guardaban utensilios para cocinar, platos, cubiertos y comida. Este pequeño almacén era gestionado por los constructores de la fuente, que actuaban como “propietarios” del lugar. A todo el mundo que pedía usar las cosas de la despensa, le daban la llave de la cerradura. Como contrapartida, dejaban el dinero que querían en una especie de hucha. Con esta recaudación voluntaria, se iban renovando los utensilios. Hasta los años cincuenta, todo el mundo respetó este sistema. Hasta que alguien rompió la cerradura y saqueó la despensa.
El grupo del Tinet iba a la fuente casi todos los fines de semana y, además, hasta la guerra civil pasaron allí toda la semana que tenían de fiesta el mes de agosto.
Durante los primeros años, todo el lugar estaba también ocupado por los carboneros. Sus chozas estaban esparcidas por el bosque y, en algunos casos, vivían familias enteras, como era el caso de unos valencianos (matrimonio y dos hijas) que se hicieron muchos amigos del Valentín Rossinyol. Las plazas carboneras estaban por todas partes y echaban humo continuamente.
La hija del Tinet, Esperanza Rossinyol, recuerda en el programa Esto es la Mola cuáles eran las actividades más habituales durante el veraneo, cuando se reunían en la Pola más de 30 personas:
– por las mañanas las mujeres y los jóvenes iban al roquedal de delante de la Porquerisses (donde había cerrado un rebaño de ovejas).
– los hombres salían a cazar las mañanas y por las tardan jugaban a cartas,
– las comidas les hacían las mujeres, a menudo ayudadas por Pere Pallejà.
– en las noches, después de cenar, todos juntos cantaban ante las grutas. Les gustaba interpretar todo habaneras, como La Bella Lola.
– Terminada la “fiesta”, todos se repartían a dormir por varias cavidades cercanas a la fuente. Como estaba oscuro, caminaban hasta sus habitáculos con luces de carburo.
Como dormitorios aprovechaban las baumas existentes en el risco de la Pola y los Castellots de Cerrar. La familia Rossinyol dormía concretamente en Quarto de Reja.
Una prueba (escrita en aquel tiempo) que demuestra como la fuente se convirtió en uno de los grandes lugares de destino de Sant Llorenç del Munt es la Guía Monográfica, que fue editada en 1935 por el Centro Excursionista de Terrassa. Esta histórica publicación ya incluía la surgencia en uno de sus itinerarios recomendados y decía que: “la Fuente de la Pola (es) muy conocida y concurrida, sobre todo en verano, por ser un lugar sombrío y tener el agua buena y fresca “.
Tino y su grupo mantuvieron la Pola como su centro de operaciones hasta la década de los 60, cuando acondicionaron una cueva en el Rincón Grande de Mata-redonda. El traslado del Tinet se produjo paradójicamente por el éxito de la fuente como lugar de recreo, que atraía a las nuevas oleadas de excursionistas, a las que ya no conocía y que, según él, no respetaban bastante bien ni las instalaciones ni el entorno ..
La apertura de la pista desde la Encina del Salario hasta el cuello de Tres Cruces facilitó el acceso y, por tanto, llevó aún más gente en la Pola. Incluso se podía ir en coche hasta Tres Cruces, que durante un tiempo sirvió de aparcamiento. Cabe decir que el Tinet, ya mayor, a finales de los años 70, pudo hacer sus últimas visitas a sus antiguos dominios subiendo en coche, acompañado por su yerno y su hija.
Con la creación del parque natural se prohibió el paso de coches y la Diputación puso un poste indicador a la fuente, que es el único elemento del lugar no construido por Valentín Rossinyol y su pandilla lo largo de las décadas pasadas .
La fuente de la Pola es todavía actualmente uno de los lugares más frecuentados en la Sierra del Obac.

25 de Febrero. En buena compañía

Te copio el título Ra-Moon Pérez, porque tienes toda la razón…. Es un verdadero placer acompañarte siempre, incluso hacerte de modelo, quedarme sin dormir, hacer kilómetros y kilómetros en pos de una foto que hasta puede que no hagamos…. Cada momento compartido contigo, cada foto, cada proyecto, cada experiencia hacen que cada día me haga más feliz este mundillo de la fotografía. Y esta vez no cuelgo una foto mía, sino tuya….

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24 de Febrero. Las baumas de l’Espluga

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Balma de la Espluga: de ruinas históricas a cuadra para 2 percherones participantes en la tala de encinas (Datos sacados de Internet)
La Balma de la Espluga es uno de los símbolos de los destrozos cometidos contra el patrimonio natural y arqueológico de Sant Llorenç del Munt y la Sierra del Obac. Desgraciadamente lo que hoy vemos no es la estructura que antiguamente cubría uno de los abalmaments de la colina para formar una pequeña masía. Lo que hoy podemos ver son unos muros levantados a principios de los años 80 con el fin de cerrar dos grandes percherones y algunas mulas. Estos animales de carga se usaron durante un par de años para arrastrar los troncos de los miles de encinas y robles que cayeron víctimas de la gran tala realizada en la finca de Matarrodona antes de su venta a la Diputación de Barcelona.
Por ello, la cueva de la Espluga es el símbolo de un doble crimen: contra el patrimonio natural (por la tala masiva de árboles) y contra el patrimonio arqueológico (por los destrozos provocados en las antiguas ruinas). Una de las mulas empleadas aquellos crímenes no fue resistir el esfuerzo y esta enterrada ante la actual puerta de la construcción.
Como testimonio de lo que fueron las antiguas ruinas nos queda el estudio que pudo realizar casi “in extremis” Antoni Ferrando y Roig. El reconocido historiador de Sant Llorenç del Munt pudo ver la antigua estructura y, incluso, incluyó un croquis y varias fotografías en su libro “Historia y Arqueología vistas por un Excursionista”. Esto nos permite hacer una comparación entre las fotografías de antes y después de las obras llevadas a cabo para levantar sobre las ruinas las cuadras por los percherones.
Algunos muros fueron derribados y otros fueron reforzados con cemento y ampliados para completar la estructura. Esto afectó a la parte donde se encontraba una pequeña hilera grosera de opus spicatum.
En su trabajo, el Antoni Ferrando se refiere a un documento del año 1.336 que habla de la Bauma de la Espluga, como dependencia en aquel tiempo del mas de La Mata. Probablemente sus orígenes aunque sean más antiguos dada su pequeña muestra de opus spicatum. Pero su valor histórico no hizo impulsar ninguna actuación de rehabilitación, como pedía la Antoni Ferrando, sino que, contrariamente, se dejó que las ruinas originales fueran dañadas para poder hacer las cuadras de los percherones. Tras la publicación de su libro, el
Hasta ese momento las ruinas habían conservado bastante bien. No se conoce cuando se produjo el se abandono como Mas, pero posteriormente había ido teniendo ocupación temporal por parte de los agricultores que se ocupaban de sus bancales, por los encargados del próximo horno de pega o los excursionistas que iban por aquellos andurriales.
La actividad humana en los alrededores de la cueva debería ser importante antiguamente. Así lo confirman los restos de la vecina casa de la Espluga y otros dos conjuntos de ruinas que hay en histórico camino que une este rincón con el mas de Matarrodona, pasando por la cueva del Figueretes y el coll del turó Escarpato. En algunas de estas ruinas, así como en otras cercanas (aunque no catalogadas), se da la circunstancia de que encuentran hileras de opus spicatum.