31 de Mayo. La tumba de Teresa

Una de las cosas que quería hacer en este miniviaje era encontrar esta tumba que una foto de mi amiga Cris me había puesto como objetivo poder visitarla….
Aunque al final no fue realmente difícil, las cosas no fueron como esperaba…. Partimos mi hija Laia y yo hacia Bausen, un pequeño pueblo situado a 931 m. de altitud al final del Valle, casi tocando a Francia de tan sólo 53 habitantes y donde no parece haber llegado el turismo como en casi todo el valle, el aspecto sigue siendo de un pueblecito de montaña, medio aislado, con calles empinadas y por las que en la mayoría no puede pasar un coche, como pude darme cuenta a tiempo, pues el Google Maps me metía por una de ellas que era realmente imposible pasar sin quedarme encajado….
Y menos mal, pues por lo que había leído tenía que llegar a la ermita de San Roc, y desde allí siguiendo las indicaciones de un cartel dirigirme hacía el paraje que quería encontrar. Así que aparcamos en una plazoleta y esa fue nuestra suerte… Allí había una señora sentada leyendo un libro en un e-book, quizás un anacronismo dentro del aspecto del pueblo, pero el progreso llega a todas partes como pude comprobar en ese bello paraje.
La señora nos dio las indicaciones pertinentes muy amablemente, ya nos avisó de que no había cartel alguno y de que no nos confundiéramos con el camino que lleva al bosque de Carlac. Con sus consejos fue muy sencillo llegar. Pasamos la ermita de Sant Roc, subimos un cerrito donde hay unas antenas y detrás, en un bosquecillo nos encontramos con lo que habíamos ido a buscar.

_MG_0322-1 con sello (Medium)

A casi un kilómetro del casco histórico del pueblo, en un bosquecito de hayas y robles está este camposanto de una sola lápida que construyeron todos los vecinos del pueblo una noche del 10 de Mayo de 1916 en un acto de amor y solidaridad con su vecina Teresa.

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El año pasado con motivo de su centenario se puso un panel informativo explicando la historia de los “Amantes de Bausen”, Cisco y Teresa, dos vecinos de ese pueblo que se enamoraron siendo muy chicos y como eran parientes (primos hermanos según la mayoría de versiones) tuvieron que pedir una dispensa papal para poder casarse por la iglesia. El cura del pueblo les dijo que para conseguirla había que pagar una suma de dinero inaccesible para ellos y al no poder hacerlo les conminó para que buscasen otras parejas y pudiesen vivir y formar nuevas familias en el pueblo. Cualquier persona adinerada del pueblo la habría conseguido sin problema, pero ellos a pesar de querer casarse por la iglesia como mandaban los cánones, no pudieron llevarlo a cabo.
Este detalle es otro de los que me ha llamado la atención de esta historia y me ha hecho buscar esa tumba, ya que mis padres también necesitaron una dispensa como esa para casarse, pues también son primos hermanos. No sé si a ellos les pidieron dinero para conseguirla allá por 1962, cuando se casaron, pero sé que el Papa Juan XXIII, tuvo que dispensarlos para poder hacerlo.
Los dos humildes jóvenes decidieron seguir luchando por su amor y se pusieron a vivir juntos a pesar del cura que les daba la espalda por pecadores. Fundaron una familia y tuvieron dos hijos, un niño y una niña…. Y el pueblo los aceptó sin ningún tipo de problema ni habladurías a su espalda pues eran muy queridos por todos.
La desgracia quiso que a los 33 años, Teresa falleciera de neumonía. Cisco, desconsolado, fue a ver al cura para que la enterrara en el cementerio del pueblo junto a todos su familiares y el cura se negó en redondo por considerar un sacrilegio que una pecadora profanase la tierra sagrada. En aquellos tiempos no había cementerios civiles, con lo que a todos los pecadores (madres solteras, suicidas, prostitutas…) solo les quedaba un simple agujero en medio del monte.
Pero aquí llegó la grandeza de la gente del pueblo, que esa misma noche se conjuraron y construyeron un cementerio particular para Teresa piedra a piedra le hicieron un cercado, e incluso con una cancela de hierro para la entrada y a a la sombra de un árbol la enterraron con toda la dignidad que se merecía y que el cura le negaba.

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Sisco y los niños siguieron viviendo unos cuantos años en el pueblo hasta que en la guerra civil se exiliaron a Francia que a penas está a 10 km. Aún mantienen casa en el pueblo la familia y a veces los bisnietos todavía visitan la tumba.

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Nunca faltan flores en la tumba, la historia y el lugar, sigue manteniendo un halo de misterio, de leyenda y con motivo del centenario se quiso hacer un acto para conmemorarlo con el panel explicativo y todas las autoridades presentes. Se leyó un poema de una poeta aranesa, Manuela Ané en homenaje de los dos amantes:
Erais valientes y la intransigencia os ­condenó a un gran pecado.
Pero sabías lo grande que es amar.
De vuestra ternura nacieron dos hijos,
testimonios de libertad.
Un cementerio te hizo la gente en el que hace cien años que reposas.
La historia quiso saber de vuestra proeza
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