17 de Mayo. Girona y el río Onyar

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Girona

Girona es una ciudad y un municipio del nordeste de Cataluña, capital de la comarca del Gironès y de la provincia de Girona.
La ciudad se encuentra en la confluencia de cuatro ríos: el Ter, el Onyar, el Güell y el Galligants, a una altitud de 75 m sobre el nivel del mar. Su término municipal limita al norte con San Julián de Ramis y Sarrià de Ter, al este con Celrà, al sureste con Juià y Quart, al suroeste con Fornells de la Selva, Vilablareix y Salt, y al oeste con San Gregorio.
El municipio contaba con cerca de 98.000 habitantes en 2014.
Su Casco Histórico o Barrio Viejo es uno de los más evocadores de Europa, contando con elementos monumentales únicos en el continente. Se encuentra delimitado por el llamado Paseo de la Muralla, el camino de ronda de las antiguas murallas carolingias (s. IX) y de la baja edad media (s. XIV y XV). Entre sus monumentos destacan el call (antiguo barrio judío, de los mejor conservados de España); así como las famosas y coloridas Casas del Onyar, y arriba de todo está la catedral, de una grandísima nave única, que es la más ancha del mundo en estilo gótico.
Historia
Girona se encuentra situada en el punto más estrecho de la ruta histórica que atraviesa los Pirineos, lugar de paso calificado como el último puente hacia África y de primer bulevar de Europa. En su entorno se ha testimoniado arqueològicamnt la presencia del hombre desde las etapas más remotas del paleolítico. Por su situación estratégica sobre la Vía Augusta, los romanos establecieron una fortificación, llamada Gerunda, hacia los años 75 y 76 de nuestra era.
El cristinanisme se introdujo en la ciudad romana durante el siglo III. Tras la caída del Imperio romano, el 476, Girona dependió de los monarcas visigodos hasta el 711, en que fue sometida a los árabes. El 785, los gerundenses se entregaron a Carlomagno, el cual creó el condado de Girona, núcleo inicial de la Marca Hispánica. El 878, el conde Guifré I unificó los condados de Barcelona y de Girona.
El 890 se consolidó la judería de Girona con una veintena de familias hebreas instaladas cerca de la catedral cristiana. Girona era sede episcopal y capital de obispado desde el siglo V. Los judíos vivieron hasta que fueron expulsados de la península, en 1492.
A partir del 1182, la ciudad fue la primera de Cataluña a disponer de una rudimentaria organización municipal. En 1285 tuvo un papel de primer orden en el enfrentamiento de Pedro II de Cataluña y Aragón con el papa, la casa de Anjou y el rey Felipe el Atrevido de Francia, el cual después de someter Girona a un asedio riguroso, la tuvo que abandonar debido a una epidemia que la leyenda atribuye a unas moscas milagrosas.
En 1348 Girona sufrió los efectos de la peste negra, que causó más de un millar de muertos, pero la actividad menestral no decayó por completo. El trabajo artesanal se encontraba organizado en gremios, formados por maestros, oficiales y aprendices. Durante el siglo XV, con 8.000 habitantes, era una de las principales ciudades de Cataluña, sólo superada por Barcelona y Perpiñán. En 1457 instauró el sistema de insaculación para elegir a los jurados que regían el municipio. Entre 1462 y 1472, durante la guerra contra Juan II, las fuerzas de la Generalidad asediaron la Fuerza Vieja, donde se había refugiado la reina Juana Enríquez con su hijo Fernando, futuro rey católico, que entonces tenía diez años. La presencia de la reina en la ciudad, ayudada por el obispo y por unos cuantos notables, hacía difícil la situación de la ciudadanía, mayoritariamente favorable a la Generalidad.
Durante el siglo XVI, aunque no pudo rehuir pestes e inundaciones, la ciudad vivió una etapa de prosperidad. El siglo XVII, en cambio, fue de depresión, causada sobre todo por la guerra de Separación. Las continuas guerras de España con Francia hicieron de Girona el objeto de numerosos sitios, como el de 1684 y el de 1694, que puso la ciudad en poder del rey francés durante cuatro años. En 1705, al producirse el alzamiento a favor del archiduque Carlos de Austria, la ciudad se le entregó pacíficamente. El 1711, Girona fue sitiada y tomada por las tropas borbónicas de Felipe V. A partir de 1789, restó inmersa en las contiendas entre la monarquía hispánica y la República Francesa. Durante la Guerra Grande, en 1793, el territorio gerundense se convirtió una vez más campo de batalla. Durante la guerra contra las tropas napoleónicas, sufrió los sitios de 1808 y 1809, que la inmortalizaron oficialmente, pero que causaron su ruina urbanística, la caída fulminante de la demografía hasta 4.500 habitantes y fuertes desequilibrios en el crecimiento económico y en la configuración social. Los franceses ocuparon la ciudad de 1809 a 1814 y le otorgó el rango de capital del corregimiento y, después, del departamento del Ter.
El año 1833, Girona fue declarada capital de la provincia española de su nombre. A partir de esa época, la proximidad del curso fluvial del Ter, desviado parcialmente por el interior del casco urbano, permitió que se incorporara a la revolución industrial de Cataluña. Recuperada la cota de 8.000 habitantes, vio nacer, en 1843, la primera fábrica de Cataluña de papel continuo y, en el año 1857, una fundición que alimentó los orígenes de la iluminación eléctrica de muchas ciudades del estado, entre las que Girona fue la primera en disponer de alumbrado público, en 1886.
En 1869 se creó la Universidad libre de Girona, sucesora de la primera, establecida en 1443, que había empezado a funcionar en 1572 y que fue interrumpida en 1717 por la política de represión cultural de Felipe V. Esta nueva experiencia sobrevivió hasta al 1874.
A principios del siglo XX, ya con 15.000 habitantes, la ciudad vivió un estallido de renovación literaria y artística que la convirtió en el segundo núcleo cultural de Cataluña. En las elecciones municipales de 1931, enfocadas como un plebiscito sobre la forma de gobierno del Estado, Girona dio la victoria a los concejales republicanos. Proclamada la República, las fuerzas de izquierda triunfaron en las elccions generales de 1933, y las de derecha en las municipales de 1934.
A partir de 1936, Girona sufrió las dificultades inherentes a la guerra civil, que culminaron con la evacuación hacia Francia de 1939, cuando fue lugar de paso de los vencidos y los que emprendían el camino del exilio. Ocupada por las tropas del general Franco ese mismo año, sufrió la fuerte represión ejercida por los vencedores de la guerra, con los traumas agravados por las catástrofes de las inundaciones de 1940 y 1943.
A partir del 1950, con 32.000 habitantes, inició la recuperación económica, simultáneamente con la llegada de grandes masas de inmigrantes del sur de la península. En 1969 se abrió el Colegio Universitario, tercer intento de establecer en Girona los estudios superiores, que cristalizaría definitivamente en 1993 con la creación de la Universidad de Girona. En 1979, las primeras elecciones municipales democráticas tras la guerra civil y de la dictadura franquista dieron la victoria a los partidos de izquierda.
A pesar de su notable expansión industrial, Girona destaca por el comercio, de vieja tradición, que tiene el récord de la tasa de tiendas por persona más alta del Estado. Cruce de caminos entre la montaña y el mar, es también un centro de ferias y mercados y la capital natural de una zona con atractivos turísticos tan sigulars como la Costa Brava y el Pirineo.
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